
Hace unos días un paciente me pregunto “Oiga Juan Jesús, no entiendo como los que son casados pueden ser fieles, habiendo tantas mujeres hermosas”,desde la perspectiva de la psicología católica, que integra la ciencia del comportamiento con la antropología teológica de la Iglesia, la respuesta es no negar que hay muchas mujeres hermosas, sin embargo, hay que tomar en cuenta que la fidelidad es una decisión de la voluntad, no un sentimiento, el amor verdadero no es una emoción pasajera ni una simple reacción química. El amor es un acto de la voluntad que busca el bien del otro. El impulso contra la libertad: Los animales reaccionan al instinto. Los seres humanos tienen la capacidad de razonar y elegir. La atracción es natural, el consentimiento es una elección: Sentir atracción visual por una persona hermosa es una reacción biológica normal. La fidelidad radica en lo que haces después de esa mirada: si decides alimentar el deseo (fantasía/acción) o si decides redireccionar tu mente hacia tu esposa. Tomando en cuenta la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II, podemos decir que el problema no es que el mundo esté lleno de mujeres hermosas, sino cómo las miramos, es decir hay una diferencia entre apreciación y consumismo: Se puede apreciar la belleza de una persona como se aprecia una obra de arte, sin la necesidad de “poseerla” o consumirla con la mente. Pero cuando un hombre casado ve a otra mujer solo como un objeto de deseo, está reduciendo toda la dignidad de esa mujer a su físico, y al mismo tiempo está devaluando la promesa que le hizo a su esposa. Es importante recordar que el valor del Sacramento del Matrimonio es muy fuerte e importante porque cuenta con la gracia divina para sostenerse. Psicológicamente, esto se traduce en una identidad compartida y un proyecto de vida superior. La exclusividad genera intimidad: La exclusividad no es una “cárcel”, es el ecosistema protegido donde florece la verdadera intimidad emocional y espiritual. Una promesa de valor: Un hombre maduro entiende que cambiar una historia de vida, la estabilidad de sus hijos y la confianza de su esposa por un momento de placer pasajero es un pésimo negocio emocional y financiero. La psicología católica recomienda la prudencia práctica (“guardar el corazón”): Poner límites claros: Ser amigable no significa ser coqueto. Un hombre fiel establece barreras saludables en sus conversaciones y su lenguaje corporal. Evitar la “ceguera de taller” emocional: A veces el cansancio o la rutina hacen que el matrimonio parezca aburrido y la novedad del trabajo parezca atractiva. La solución no es buscar fuera, sino reinvertir esa energía en reconquistar a la propia esposa. En pocas palabras y, para terminar, la fidelidad no se trata de quedar ciego ante las mujeres guapas, sino de tener los ojos bien abiertos para valorar lo que tienes en casa. Estar rodeado de mujeres hermosas es normal, pero un hombre de verdad gobierna sus instintos; no permite que un impulso de cinco minutos destruya una promesa de por vida. Al final, la belleza física se acaba, pero la paz de una conciencia limpia y un hogar sólido no tienen precio.
Lic. Juan Jesus Hernandez


