Después de la tormenta viene la calma. Es una frase que con el tiempo he aprendido que es muy cierta. A veces, después de un día pesado, de una situación estresante o simplemente de terminar con todas las actividades del día, lo que sentimos quizá no sea una paz completa, pero sí esa tranquilidad, serenidad y relajación que tanto necesitamos.
En lo personal, hay algo que espero con mucho gusto al terminar mi día: llegar a mi lugar favorito de la casa. Es una pequeña esquina en mi cuarto donde tengo mi altar. Con solo verlo siento tranquilidad; es como si por un momento todo el ruido del día desapareciera. Muchas veces suspiro y pienso: “Ya llegué”. Es mi espacio para estar en silencio, agradecer, hacer oración y encontrar un poco de esa paz interior que a veces hace tanta falta.
He aprendido que, cuando estamos confundidos, llenos de dudas o no sabemos qué decisión tomar, muchas veces lo mejor es detenernos un momento, alejarnos del ruido y encontrar ese lugar donde podamos estar tranquilos, guardar silencio y simplemente escucharnos.
Para mí, una de las mejores maneras de apagar el ruido de afuera ha sido aprender a encender el silencio dentro de mí.
Hay una frase de Juan Pablo II que refleja mucho de lo que intento poner en práctica:
“Mi fórmula para vivir en paz: consagrarme únicamente al presente. Lo pasado lo dejo a la bondad de Dios para que lo perdone, y lo futuro lo confío al inmenso poder de nuestro Señor para que lo resuelva.”
Hoy entiendo que encontrar paz no siempre significa que todos nuestros problemas hayan desaparecido. A veces, simplemente significa encontrar ese pequeño espacio donde podemos sentirnos tranquilos, agradecer y recordar que no tenemos que resolverlo todo en un solo momento.
¿Y tú, sabes cómo encontrar tu paz?
Muchas veces sabemos qué necesitamos para sentirnos mejor, pero no siempre podemos verlo con claridad. Hay momentos en los que sentimos que estamos en medio de la oscuridad, sin palabras, con tantas cosas en la mente que incluso parece difícil respirar.
Es precisamente en esos momentos cuando te invito a detenerte, estés donde estés. Haz silencio en tu caminar y date la oportunidad de observar lo que sucede a tu alrededor y dentro de ti. La paz puede encontrarse en muchos lugares, pero también hay que aprender a reconocerla y practicarla.
Pregúntate: ¿cuál es mi principal ruido? Tal vez sea la televisión, el celular, las preocupaciones, los pensamientos, la tristeza o todo aquello que no te permite estar en calma. Identificar ese ruido puede ser el primer paso para comenzar a silenciarlo.
No siempre necesitamos encontrar todas las respuestas de inmediato. A veces necesitamos simplemente detenernos, guardar silencio y permitirnos escuchar.
Dios está en todas partes, incluso en esos momentos en los que parece que no podemos encontrar el camino. Confía, guarda silencio por un momento y permite que Él te acompañe.
Porque muchas veces, en medio del silencio, es donde comenzamos a encontrar la paz que tanto estábamos buscando.
Lic. Beatriz Quiñonez


