Sobre la Encíclica Magnifica Humanitas

Primeramente, desde antes de leerla, me impactó su título: Magnifica Humanitas. Este, por sí mismo, despierta interés, especialmente al saber que aborda un tema tan actual como la Inteligencia Artificial.

Al iniciar su lectura, comprendí que León XIV establece una conexión con Rerum Novarum de León XIII. Así como León XIII respondió a los desafíos de la revolución industrial, León XIV busca responder a los desafíos de la revolución digital.

Con esta encíclica, la Iglesia, como madre y maestra, nos invita a poner atención a esta nueva realidad y a reflexionar profundamente sobre sus implicaciones en nuestra vida personal, social y profesional.

Aquí comparto algunos puntos que, en mi quehacer como creyente católico y dentro de mi profesión en la atención de la salud mental, pude percibir:

  1. La tecnología como herramienta
    La tecnología, como el celular y una computadora con internet, aporta grandes facilidades en nuestras tareas diarias y en la comunicación. Son herramientas que nos permiten una mayor conexión con pacientes, colegas y familia, incluso a la distancia. Sin duda, bien utilizadas, representan un recurso valioso para nuestro trabajo y nuestras relaciones.
  2. La tecnología también puede desenfocar
    Así como reconozco sus beneficios, también debo admitir que en ocasiones se ha convertido en motivo de distracción y desenfoque. Aunque a veces ofrece espacios de descanso y esparcimiento, también puede alejarnos de nuestros vínculos más cercanos y de la presencia real con quienes nos rodean.
  3. El impacto en nuestros pacientes
    Así como he observado esto en mi vida, también lo veo en consulta. Muchos pacientes son presa fácil de estos algoritmos que, más que facilitar sus vidas, parecen mantenerlas bajo su influencia.

La IA no siempre es neutral. En muchos casos responde a intereses políticos, ideológicos o económicos, alejándose del bien común y respondiendo a los intereses de quienes controlan y alimentan estos sistemas.

  1. Implicaciones clínicas y relacionales
    Como psicólogos, sabemos que gran parte de nuestro trabajo se sostiene en la capacidad de escuchar, comprender y conectar profundamente con el otro. La empatía, la presencia y el encuentro humano son elementos esenciales del proceso terapéutico.

Sin embargo, vivimos en una cultura cada vez más mediada por pantallas, algoritmos y respuestas inmediatas. Esto puede ir debilitando nuestra capacidad de escucha, nuestra tolerancia al silencio y nuestra disposición al encuentro auténtico.

La tecnología puede facilitar la comunicación, pero también corre el riesgo de deshumanizar nuestras relaciones si sustituye la cercanía, la sensibilidad y la presencia real. Como psicólogos, necesitamos permanecer atentos para que ninguna herramienta tecnológica sustituya aquello que es profundamente humano: la capacidad de mirar, escuchar, contener y acompañar el sufrimiento del otro.

  1. La dignidad humana como centro
    Magnifica Humanitas me recuerda que la dignidad de la persona humana nunca se pierde.

La IA podría mejorar algunos aspectos de la vida social e incluso de la salud, pero solo si permanece verdaderamente al servicio del ser humano.

Tal vez esto implique “desarmar” aquello que deshumaniza y volver a una visión más sana. No a la Torre de Babel, que confundió las lenguas y representó un proyecto desconectado de Dios, sino más bien a la imagen de la reconstrucción en tiempos de Nehemías.

Como psicólogos católicos, esto nos invita a una reflexión profunda: ¿de qué manera estamos integrando la tecnología en nuestro ejercicio profesional? ¿Está realmente al servicio de la persona, de su dignidad y de su bienestar?

José Antonio Guerrero Flores
Psicólogo Católico

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